El tropero

El Tropero

Tropero arreando ganado pasando frente al Centro de Desarrollo Regional de Mal Abrigo

Entre los oficios de nuestro gaucho estaba el de tropero o arriero, que se remonta a la época colonial y consistía en trasladar a caballo las tropas de ganado a través de los campos, para lo cual se requería un  profundo conocimiento de las pasturas, aguadas, pasos de ríos y arroyos, del clima y todos los secretos del entorno rural.

Promediando la segunda mitad del siglo XIX se destacaba el arreo de las tropas hacia los Corrales de Abasto en la Barra del Santa Lucía, hoy pueblo Santiago Vázquez, desplazándose más tarde hacia la zona de la Tablada -también en el departamento de Montevideo- hasta donde eran llevadas miles de reses que provenían de todas partes del país.

Otro tiempo, otra realidad rural perdida para siempre.

Por esa época el alambrado transformó la vida del tropero, que lo obligó a adaptar su rumbo por caminos que le achicaban su libertad y le imponían rutas muchas veces desconocidas para él.

Por suerte los locales de ferias ganaderas que pululan por toda nuestra campaña, aunque también hoy en retroceso, han sido los sitios que han perdurado hasta el presente y que han hecho que el tropero siga siendo parte del paisaje rural, montado en su ágil caballo con su clásico grito de “opa..opa” u otros sonidos onomatopéyicos que le ayudan a conducir el ganado en orden hacia su destino.

La tropa sigue rumbo a local de la feria

El poncho, grueso en invierno para soportar las lluvias o fríos invernales y fino en verano para aliviar los calores estivales,  es su atuendo clásico, amén de contar en su apero con todo lo necesario para el camino, donde se destaca como uno de los elementos propios la infaltable  caldera chata o “caldera de tropero” para calentar agua y aprontar el mate, que se acomoda mejor en la “maleta” que la clásica redonda que todos conocemos.

En fin, el tropero ha sabido esquivar el tiempo, y aunque ya no se ven como antes, porque otros medios de trasporte también han llegado para competir con él, aún transitan por nuestros caminos polvorientos de nuestra campaña casi tan libres como como en el pasado. Y si la tirada es larga seguro que lo hallaremos en algún paso  de algún arroyo o río “churrasqueando” a la sombra de algunos árboles, mientras descansa su caballo y el ganado pasta manso muy cerquita ante la atenta mirada de su infaltable perro que lo acompaña y le ayuda a mantener el grupo del ganado bien unido.

Ojalá no te pierdas nunca, ojalá sigas pasando tan campante frente al CDR de Mal Abrigo y por todos los caminos de esta Patria que va dejando y olvidando el pasado para siempre.

Miremos más al adentro, y no tanto al afuera, porque si queremos hablar de desarrollo tenemos que comenzar a conocernos a nosotros mismos.

Daniel Bentancor

Director de los Centros de Desarrollo Regional

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