Lenta agonía de pueblos en el interior profundo

Fuente: Diario El País

Los pequeños pueblos del interior profundo languidecen. Quedan los vecinos mayores y los jóvenes apuestan a las ciudades. Algunos de ellos están tan aislados que no los alcanzó la campaña electoral.

Otros temen que desaparezcan para siempre. Por "La Mazamorra" no pasó la campaña electoral, está lejos, a 250 kilómetros de Durazno. Allí quedan cinco casas que son habitadas por dos matrimonios con cinco hijos.

Las casas son de adobe y paja. Los pisos también de barro; techos de tirantes de madera y chapas de zinc, y las paredes sostenidas por armazones de madera de montes de la zona, paja y barro.

"Acá nadie viene, es difícil entrar por el camino que está en mal estado, cuando llueve ni te digo", dice María Nelly Brun, casada, 27 años y dos hijos, residente en La Mazamorra.

Desde que comenzó la "movida" electoral, un solo cartel político partidario se advierte en el lugar. Los candidatos, han estado en muy pocas ocasiones y los lugareños sienten "olvidados" por ellos.

Hasta hace pocos años había doce núcleos familiares establecidos en el lugar. Es el pueblo donde se observa más despoblamiento en Durazno.

Muchos se han mudado al contiguo poblado de "Cuchilla de Ramírez", a siete kilómetros, buscando mejorar la calidad de vida. Allí viven 14 familias en un complejo de Mevir y "se nota la diferencia".

"En mi casa yo no tengo agua corriente, no tenemos luz tampoco", dice la joven madre a El País. "Yo tengo que ir 400 metros, Cuchilla arriba y traer el agua en baldes", agrega.

A causa de la ausencia de electricidad en el lugar, no es posible para las familias residentes llevar adelante una vida si quiera parecida a la modernidad de los tiempos actuales.

En la casa de Nelly no hay televisión y para recargar el celular deben trasladarse a la escuela. Los cinco niños del lugar desconocen lo que es la televisión, por lo que nunca vieron dibujitos animados o una película infantil. Sus juegos son entre las mascotas del lugar, los juegos en el alambrado o corriendo a campo traviesa rumbo a la escuela.

Por otra parte, en Rivera la migración juvenil hacia la ciudad en busca de oportunidades hace que los pueblos rurales caigan en una muerte inexorable. Por su profesión el veterinario Diego de Freitas recorre localidades de todo el departamento. Divide las pequeñas poblaciones en dos grupos, los que se mantienen con "vigor" y los que languidecen.

En el primero, están pueblitos como Cerro Pelado, Paso Hospital, La Puente Cerrillada y Cruz de San Pedro. En cambio, "Arroyo Blanco, Cerros Blancos, Paso Arriera, Pueblo de los Santos y otros sobreviven de porfiados que son".

En tanto, Ariel Pereira, empresario de los medios y veterano político vocacional, también recorre todos los rincones de Rivera. Narra que "por ruta 28, en el tramo que va desde ruta 5 al este, hemos visto en los últimos años como la población merma sustancialmente".

Uno de los ejemplos claros de ello es "el pueblo de doña Percilia, un conjunto de casas que quedaba pasando Cuchilla de Mangueras, en 1971 cuando hicimos la campaña electoral quedaban aún algunas casas. Hoy no existen ni vestigios de esos ranchos". Pereira, también, anota que "el Paso del Cuñapirú, que queda por ruta 30, al este de la 5, hoy no existe".

Sobre la línea divisoria, Capón Alto y Puntas de Mangueras; tienen pocos habitantes. También, es reducida la población de Paso Ataques, otrora, un centro poblado importante, ubicado al borde de ruta 27.

Remolachero

En Lavalleja a 30 kilómetros de Minas se encuentra Estación Solís, una zona agrícola que produjo históricamente remolacha y tuvo su crecimiento social, productivo, comercial y económico en base a movimiento que la parada del tren generaba en la zona.

Hoy la realidad es otra y lejos de aquellos años de pujanza Estación Solís se va convirtiendo en un pueblo de ancianos, con casas cerradas y pocos pobladores. La realidad, según narran los vecinos del lugar es que la agricultura familiar ha ido desapareciendo y hoy los jóvenes se ven seducidos por la ciudad y optan por migrar y quienes viven aun en el lugar, son personas mayores que se resisten a abandonar la campaña.

La escuela Nº 17 que hace diez años tenía 20 alumnos hoy solo tiene 8 y ante este panorama de constante migración no hay seguridad de cuánto tiempo más pueda funcionar.

Ariel se crió en la zona, iba a la escuela y en los tiempos libres ayudaba a su padre en la tarea del campo. Luego emigró a Minas por una mejor oportunidad de trabajo y hoy vuelve esporádicamente de visita o en días de elecciones porque mantiene su credencial rural.

Leticia, una joven madre, también vivió su infancia en la zona , pero reconoce que hoy la zona está deprimida y que tanto ella como sus hermanas han encontrado su vida en la ciudad. En el campo solo quedan sus padres.

Depresión

Una docena de personas viven y luchan estoicamente para que no desaparezca el poblado de Parallé, ubicado a medio camino entre la ciudad de Rocha y el pueblo Velázquez. La paz es lo que abunda en la zona y el aislamiento gana por goleada. Entre semana los cuatro niños del pueblo van a la escuela que queda al lado de la ruta 15, el año pasado había 6 alumnos. Un vecino que tiene auto facilita la comunicación con la ciudad de Rocha para hacer los trámites que puedan necesitar las familias del lugar. El vecino Pedro Fontes contó a El País que en la década de 1950 "teníamos como 200 pobladores y ahora cuando estamos todos apenas llegamos a la docena". "Aquí teníamos panadería, una tienda, almacenes, una barraca de lanas y un local de feria. Hasta había una peluquería. Eso es pasado", afirma. Fontes no tiene dudas: "La forestación terminó todo, cambió el paisaje, las ovejas fueron llevadas a la punta de los cerros y los establecimientos con un capataz junto a tres y cuatro peones ya no están, ahora todo es forestación".

Domingo Pereyra, un jubilado dedicado a la quinta, dice que este aislamiento también resulta un problema. Algunas personas cayeron en depresión y se suicidaron, contó el vecino.

Hasta la comisaría está vacía, "donde antes supo tener de tres a cuatro milicos, ahora está abandonada", contó Fontes.

Una villa creada en busca de la libertad

Las Cañas se encuentra situada en la zona centro-este del departamento de Cerro Largo, próximo a las costas del arroyo del mismo nombre. Se accede por un camino vecinal desde la ruta 26 a la altura de su km 32 del tramo que une Melo con Río Branco. De acuerdo al Censo del año 2011 la localidad cuenta con una población de 72 habitantes.

Las primeras poblaciones de negros en la zona datan del siglo XIX, en particular sobre la década del 30 cuando la recientemente independizada república decretaba la llamada "libertad de vientres".

La constitución uruguaya de 1830 decía que los hijos de esclavos nacían libres, en Brasil la esclavitud se abolió 50 años después. Por eso las mujeres brasileñas negras esclavas que estaban por dar a luz cruzaban el río Yaguarón, que es uno de los límites entre Uruguay y Brasil, y tenían sus hijos en territorio uruguayo, para que sus hijos nacieran libres.

Fue de esa manera que lentamente se fueron formando familias y así se fue desarrollando la zona que llegó a tener 472 personas hasta entre los años 1971 y 1987, luego las familias se fueron envejeciendo, otros yéndose a las ciudades quedando con una población de apenas 72 personas adentro del casco urbano.