Identidad, equidad y nuevo escenario local para emprendedores

Identidad, equidad y nuevo escenario local para emprendedores

Daniel Bentancor

El fenómeno de la Globalización, que parece haber transformado la geografía mundial en un nuevo espacio global de gravitación económica, social y cultural, plantea el desafío de reforzar la dimensión local en un proceso de construcción social, donde sean los propios actores locales los que identifiquen y resuelvan sus problemas comunes y cotidianos.

Este proceso debe ser necesariamente liderado por agentes locales que promuevan acciones con un fuerte contenido de identidad territorial, que sean capaces de construir su futuro y el de su comunidad, que tengan la posibilidad de imaginar, crear y desarrollar proyectos sustentables que mejoren la calidad de vida de la gente.

En este nivel considero de vital importancia el relacionamiento de las personas entre sí, que incluye confianza, reciprocidad, cooperación y ayuda mutua, porque son componentes de un bien colectivo, son un verdadero “capital social” que permite un más fácil arraigo de las nuevas propuestas de desarrollo; que deberán estar fortalecidas por el sentimiento de pertenencia de la población local a un lugar determinado.

Este escenario debe ser impulsado por acciones reales y efectivas de descentralización política y económica que promuevan a los individuos y estos tengan la posibilidad de ejecutar sus capacidades con autonomía y libertad, y vincularlos con su entorno – organizaciones e instituciones – y el mundo del trabajo.

Una real y efectiva descentralización permitirá jugar el partido en el territorio, fomentar la toma de decisiones en forma participativa a nivel local, promover la creación de propuestas emprendedoras, y acompañarlas en la búsqueda de soluciones.

Pero esta propuesta descentralizadora e incluyente no debe soslayar los problemas emanados de los desequilibrios territoriales que constituyen un fuerte factor de discriminación.

Para ello será necesario que el principio de Igualdad – enunciado constitucional de muchos países del mundo – sea resuelto a través de la equidad, porque la verdad indiscutible es que no todos las personas son iguales en los hechos, ni están en igual posición. Las personas son semejantes, no iguales.

La igualdad democrática es la igualdad brindada por la ley, lo cual significa que hay que construirla artificialmente, ya que este principio generador de derechos no sólo va dirigido al administrador o al juez, sino también al legislador, que es quien debe lograr la igualdad final, consciente de las desigualdades del punto de partida.

A todo esto hay que advertir que los conceptos de igualdad y equidad no son sinónimos: la igualdad reconoce que toda persona, en forma independiente de cualquier condición, debe tener los mismos derechos, y oportunidades; la equidad se asocia a un juicio moral o ético y se dirige a la búsqueda de justicia para que exista igualdad, dando un trato especial a quienes están en desventaja o son discriminados.

La desigualdad genera más pobreza, exclusión social, aumenta las brechas, impide la cohesión social, y perjudica, en definitiva, a la sociedad en su conjunto.

Este desarrollo local territorial, descentralizado, con equidad, no solo significará garantizar oportunidades, sino también resultados.

Para ello es imprescindible dotar a este escenario de nuevos sistemas educativos, adaptados a los requerimientos de la realidad local y a cada individuo en particular, la creación de un entorno innovador, y la oferta de infraestructuras que posibiliten el aprovechamiento oportunidades que generan las Nuevas Tecnologías en materia de capacitación a distancia, el acceso a redes de colaboración, y a nuevos mercados.

Este será un terreno fértil para que el emprendedor imagine, sea creativo, innove y desarrolle proyectos sustentables que mejoren su calidad de vida y la de la comunidad donde vive. El desarrollo, entonces, estará centrado en el ser humano, en la búsqueda de la justicia social sin exclusiones.