Ser Maestra hoy…

Ser Maestra hoy…

Lorena Fregueiro, maestra escuela rural 102 de Berachí

En Cerro Largo, cerca de la frontera con el Brasil, se encuentra el paraje Berachí, voz guaraní que significa "centro brillante", de “berá, brillante y chi, centro”, al que hace un tiempo llegamos en una noche lluviosa a visitar un amigo al que mucho estimamos.

Al otro día el sol nos mostró el espectáculo de aquel apartado pago fronterizo, y al regresar, luego de disfrutar de la hospitalidad y camaradería de la buena amistad, pasamos por una escuelita rural, perdida en esos ignorados rincones rurales, que ha trascendido su rol alfabetizador para colocarse en la mirada de todo el país por la obtención de premios en diversos concursos nacionales, de los que ya hablaremos.

Lorena Fregueiro, maestra de la escuela 102 de Berachí, nos cuenta su historia como maestra rural, no esconde su orgullo de serlo, y en su ejemplo y vivencias representa a cientos de maestras que día a día cumplen su misión en nuestro ambiente rural, tarea que admiramos profundamente desde siempre.

Nos vamos a Berachí para que Lorena nos cuente qué es ser Maestra Rural:

Difícil, definir con palabras tan importante profesión.

Es mucha emoción a flor de piel, muchas historias encontradas en el camino de la vida; camino que puede transcurrir en cualquier rincón del país.

Con maestras y maestros que se levantan cada día, con el sentido de responsabilidad y esmero para cumplir con las funciones que el día le depara; como salir a trillar camino para llegar a su escuelita.

Lo viví desde niña junto a mi madre, la maestra Mabel, mi maestra, en aquellos agrestes amaneceres lluviosos, que cruzábamos juntas, de la mano , el bañado de Morales para saber si mi padre podía pasar en el viejo corcel uno o bajarnos a cada rato para poner chircas ,porque, patinando no salíamos del lugar. Llegar a prender el fogón para calentar el cuerpo, ordeñar la vaca que nos prestaba un vecino, cargar agua del aljibe para llenar los tanques de la cocina y el baño. Y lo más importante, esperar llegar a mis doce compañeros, que venían a caballo y a pie.

Aquellos piecitos rojos, que venían descalzos, cruzando cerros y cuchillas ,esperando el agua tibia de la maestra, para calzarse el único par de zapatos que tenían, para comenzar así, la jornada escolar.

Lo viví desde niña, después como maestra practicante, con mis tres compañeras y amigas de grupo, con la que planificábamos juntas, mientras mi abuela Sulma, nos cebaba mate dulce a luz de vela o farol, ya que, hicimos la práctica rural en Mangrullo, donde vive la abuela.

¡Qué cosa linda, planificar con compañeros! Nos ayuda a compartir experiencias, buscar las mejores estrategias para el desarrollo de los alumnos y llevar a la práctica, secuencias didácticas que la pensamos juntos. Además visitar la comunidad, para conocer la realidad de los niños.

¿Por qué les cuento todo esto? Porque uno tiene que recurrir al pasado para poder entender el presente.

Presente en el cual, me sorprende como Maestra Unidocente Rural , viviendo en la escuela junto a mi marido maestro y mi pequeña traviesa de dos años. En la escuela rural N° 102, que está ubicada a 34 km de la ciudad de Melo en el departamento de Cerro Largo en el paraje Berachí.

Tiene cuatro alumnos inscriptos de nivel inicial a sexto año con una excelente comunidad, que es el pilar fundamental del centro educativo.

Con mis alumnos, que son los pequeños tesoros de cada una de las familias. Tesoros que nos sorprenden, nos enseñan, nos emocionan y nos alegran el alma con esas manitas frías que llegan por las mañanas, para comenzar juntos, un nuevo día.

Además de la excelente comunidad que está al “pie del cañón” para ayudar en lo que necesite la escuela.

¿Piensan que esa es solo, mi realidad?

NOOOO, queridos lectores, esa es la realidad de muchos de los maestros de nuestro gran Uruguay.

Maestros que tenemos amor a la profesión, porque sabemos que tenemos en nuestras manos a esos pequeños tesoros y que nuestro deber es potenciar sus máximas habilidades, para así, crecer juntos.

Mtra. Lorena Fregueiro